«Ser catequista es un llamado profundo a ser eco de la voz de Dios y un puente entre el Amor de Cristo y el corazón de cada persona». Con esas palabras, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, resumió el espíritu de la jornada que reunió este sábado a unos 650 catequistas en Piedra Blanca, departamento Fray Mamerto Esquiú, jurisdicción de la parroquia San José.
El Encuentro Diocesano de Catequistas, animado por el lema «Como el Beato Mamerto Esquiú, catequistas al servicio de la unidad», convocó a participantes de los cuatro decanatos de la diócesis —Capital, Centro, Este y Oeste— además de una delegación llegada desde la comunidad de Cachi, Salta. Acompañaron la jornada el director diocesano de Catequesis y párroco anfitrión, padre Marcelo Amaya, y sacerdotes de distintas comunidades parroquiales.
La jornada comenzó con un momento de espiritualidad centrado en la Adoración del Santísimo y la renovación del compromiso de cada catequista. Después llegó la conferencia principal, a cargo del padre Eduardo Navarro, párroco de Santa Ana y San Joaquín (Miraflores, Capayán), sobre «Jesucristo, Sacramento del Padre, y los Sacramentos de la Iglesia», cuyos contenidos fueron trabajados y compartidos en grupos.
Tras el rezo del Ángelus y un almuerzo fraterno, la formación continuó con nueve talleres simultáneos: Catequesis y familia, Cultura digital, Bioética, valores de la vida, Compromiso ecológico, Catequesis en las periferias y misión, Catequesis y Biblia, Catequesis para personas con discapacidad, Catequesis y la piedad popular, y Catequesis y manejo de las emociones.
Al finalizar los talleres, los participantes iniciaron una peregrinación desde la escuela municipal, sede de las actividades, hasta el templo parroquial, llevando las imágenes de Nuestra Señora de Luján, Nuestra Señora del Valle y el Beato Mamerto Esquiú, entre cantos, oraciones y reflexiones, mientras los sacerdotes atendían confesiones. Al llegar a la explanada de la plaza de Piedra Blanca, frente al templo San José, se celebró la Santa Misa, presidida por el obispo junto a numerosos sacerdotes del clero diocesano.
En su homilía, Urbanč remarcó que ser catequista «no es simplemente enseñar una materia o cumplir con un horario semanal», sino «acompañar procesos humanos, abrazar dudas, testimoniar la fe recibida y hacer espacio para que cada persona descubra su propio camino de fe». Definió la tarea catequística como «un ejercicio artesanal de paciencia» en un mundo acelerado, y remarcó que «la enseñanza más duradera de un catequista no está en los libros ni en las dinámicas de grupo, sino en su manera de estar en el mundo».
El obispo también citó al Papa Francisco, quien —recordó— solía decir que la catequesis «no es una mera transmisión de conocimientos teóricos, sino un encuentro vivo con Cristo», y agradeció a cada catequista presente «por las horas dedicadas a preparar los encuentros, por la creatividad para explicar el amor de Dios, por la paciencia infinita y por la sonrisa acogedora». Cerró su homilía encomendando a los catequistas —y de manera especial a quienes están enfermos— a la Virgen del Valle.
Durante la celebración, en comunión con toda la Iglesia en Argentina, se realizó además una colecta destinada a la visita del papa León XIV, prevista para este fin de semana. Al finalizar, el padre Marcelo Amaya agradeció al obispo, a los sacerdotes, a los catequistas del Decanato Centro y a la Junta de Catequesis por el trabajo conjunto que permitió concretar el encuentro, enmarcado en el Año Jubilar por el Bicentenario del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú.
