Jalil, entre el diálogo y la estrategia

Raúl Jalil volvió a insistir con algo que, en estos tiempos de certezas gritadas y odios en cuotas, suena casi subversivo: el diálogo.
Después del triunfo de La Libertad Avanza en las elecciones legislativas nacionales, el gobernador de Catamarca entiende —quizás mejor que muchos en su propio espacio— que pelear con la Nación no es sinónimo de dignidad, y que hablar no siempre es claudicar.

El mapa político cambió. Milei, con mayoría propia en el Congreso, ya no necesita tanto de los consensos para gobernar. El peronismo, mira desde la vereda opuesta y con la sensación de que el piso se mueve. En ese contexto, Jalil parece optar por la prudencia. Sabe que Catamarca, una provincia pequeña y dependiente del flujo de fondos nacionales, no puede darse el lujo de jugar a la resistencia épica.

El gobernador camina sobre una senda vidriada: mantener la gobernabilidad sin romper con Nación y, al mismo tiempo, no quedar como el “dialoguista funcional” que algunos sectores del peronismo lo acusan de ceder demasiado. Pero la política —esa vieja maestra de la supervivencia— enseña que a veces hay que ceder para no perderlo todo.

En dos años habrá elecciones provinciales, y el nombre de Gustavo Saadi ya suena con fuerza. Intendente de la Capital, carismático, medido, y con una gestión aprobada incluso por muchos que no se reconocen peronistas. Saadi habla poco, pero cuando lo hace, elige bien las palabras. Construyó poder desde la eficacia, no desde el grito. Y eso, en tiempos de redes y furia, vale oro.

Por eso, mientras algunos militantes del peronismo observan con desconfianza la postura dialoguista de Jalil, el gobernador parece tener claro el dilema: o se mantiene una relación madura con el Gobierno nacional —aunque duela—, o se arriesga a entregar la provincia en bandeja.

Hay que comprender que las derrotas a veces llegan por la fuerza del adversario y otras por la torpeza propia. Jalil, con su estilo pragmático, intenta evitar justamente eso: que la épica termine devorando al poder.
Y quizás, solo quizás, en esa estrategia de bajar el tono y abrir la puerta al diálogo, esté la clave para que el peronismo siga siendo gobierno en Catamarca.

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