La entrevista de Valen Vargas en La Bandurria dejó mucho más que música y anécdotas de éxito. Hubo un momento que atravesó por completo al joven artista catamarqueño y que rápidamente emocionó a quienes seguían el programa: su reacción al recibir una imagen de la Virgen del Valle.
Apenas la vio, Valen no pudo contener la emoción. La voz se le quebró, los ojos se le llenaron de lágrimas y durante varios segundos intentó recomponerse mientras agradecía el gesto. No fue una reacción actuada ni exagerada. Fue la emoción genuina de alguien que sigue aferrado a sus raíces, a su fe y a su familia aun en medio del crecimiento vertiginoso que vive su carrera.
“Lo llevo conmigo por todos lados. […] De verdad muchísimas gracias, que es bastante fuerte para mí y nada, para mi familia también.”
La escena mostró a un Valen completamente distinto al artista arriba del escenario. Más humano, más cercano y profundamente conectado con Catamarca. Porque detrás de los shows, las colaboraciones internacionales y la exposición mediática, sigue estando el chico familiero que nunca soltó la mano de la Virgen del Valle.
De hecho, durante la charla confesó que hacía tiempo venía sintiendo la necesidad de volver a verla.
“Hace mucho tiempo que vengo hablando con mi equipo de decirle que me quería tomar unos días para ir a verla.”
El momento impactó incluso a los conductores del programa, que notaron inmediatamente la carga emocional que tenía para él esa imagen. Y es que en Valen la fe no aparece como un discurso armado para quedar bien: aparece naturalmente, desde un lugar íntimo y sincero.
En medio de un presente soñado —con nominaciones a los Premios Gardel, colaboraciones internacionales como la realizada con Thalía y nuevos proyectos musicales en camino— el cantante dejó en claro qué cosas siguen siendo verdaderamente importantes en su vida.
“Yo soy familiero, me la pasé toda mi vida con mi familia.”
Tal vez ahí esté una de las claves por las que tanta gente empieza a identificarse con él. Porque mientras crece como artista, no pierde la humildad ni la emoción de quien todavía se conmueve hasta las lágrimas al encontrarse con la Virgen de su tierra.
