A apenas 4 kilómetros de la plaza central de la ciudad, el Pueblo Perdido de la Quebrada volvió a abrir sus puertas este fin de semana largo para recibir a residentes y turistas interesados en conocer cómo se vivía en el pasado en esta porción de historia y naturaleza catamarqueña. El yacimiento arqueológico de la cultura La Aguada tuvo, además, un protagonista especial: los más chicos, que se acercaron a descubrir a los gigantes que alguna vez habitaron el valle.
La profesora y artesana Amelia Dhabar fue la encargada de recibir a los grupos en el marco del taller de Paleojuegos. Con charlas entretenidas, modelado en masa, rompecabezas y hasta pequeñas excavaciones en el patio interno del Centro de Interpretación, fue revelando ante ojos asombrados un mundo poblado de perezosos gigantes, caballos prehistóricos, pumas dientes de sable y gliptodontes.
La propuesta superó las expectativas: los chicos no solo se llevaron sus propios gigantes en miniatura, moldeados en masa de colores, sino que —quizás sin darse cuenta— fueron construyendo un sentido de pertenencia e identidad con la historia natural de la provincia. «Estuvo muy lindo el taller y lo que me sigue sorprendiendo de la propuesta es que no solo disfrutan los niños, sino también los adultos, participando de las actividades. La idea era además de difundir la ciencia en un espacio natural para compartir entre niños y adultos un momento libre de tecnologías como las pantallas tan presentes en el día a día», contó Amelia. «Sumado a que se trata de un lugar tan bello y significativo para nuestra ciudad, la experiencia siempre resulta un éxito», agregó.
Los sabores nativos también tuvieron su lugar en la agenda pensada para las infancias. El domingo, a través del taller «Manitos del monte», organizado por la tienda de sabores nativos La Torradería, los chicos elaboraron galletitas de mistol que después pudieron saborear junto a una chocolatada de algarroba. «Los frutos del monte nativo se transformaron en las galletitas que ahora pueden elaborar en sus propias casas. Los que tienen algarrobos, saben que esa vaina se puede transformar en una entretenida tarde de recetas para cocinar con papás, amigos y después compartir en una rica merienda», destacaron desde el emprendimiento.
Más allá de los talleres, el atractivo recibió a distintos grupos que se acercaron a recorrer los restos arqueológicos y a quienes eligieron descubrir la flora y la fauna nativa a través de las propuestas de trekking por la quebrada, una oferta turística impulsada por la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico de la Capital que puede disfrutarse durante todo el año.
