Jalil recibe guiños políticos y económicos que incomoda al libertario catucho

Hay una escena que se repite cada pocas semanas en Catamarca: el gobernador Raúl Jalil firma algo con Nación —un convenio, una compensación de deudas, una foto con Caputo— y del otro lado, en el propio espacio libertario local, crece una incomodidad que no siempre se dice en voz alta pero que se nota.

No es un dato menor. Jalil viene de romper con el bloque de diputados nacionales de Unión por la Patria para armar su propio espacio en el Congreso, acompañó medidas clave del Gobierno nacional y ahora suma este acuerdo por el REOR para ordenar deudas cruzadas con la Nación. Todo eso, siendo peronista. Y ahí es donde empieza la incomodidad para el libertario catucho: ¿cómo se construye una oposición cuando el gobernador de otro signo político termina siendo, en los hechos, uno de los aliados más previsibles que tiene la Casa Rosada?

El problema no es solo de discurso. La preocupación de fondo, la que más se escucha puertas adentro del espacio libertario y sus aliados, tiene que ver con algo más concreto: la plata para hacer campaña. El Gobierno nacional viene priorizando el ajuste como sello de identidad, y esa misma lógica se traslada a cómo reparte recursos y atención política entre las provincias. Catamarca no pesa demasiado en el mapa electoral nacional, pero sí interesa por lo económico —minería de por medio— y por la gobernabilidad que le garantiza un gobernador dialoguista. Esa combinación hace que, para Nación, sostener el vínculo con Jalil resulte más rentable que invertir en fortalecer una estructura libertaria catamarqueña que todavía está consolidándose.

Y ahí aparece la duda que empieza a instalarse en ese sector: si el financiamiento y el acompañamiento real terminan yendo hacia donde hay gobernabilidad garantizada, ¿alcanza con compartir cartel partidario para que la ayuda llegue? Es una pregunta incómoda, porque toca un nervio sensible de cara a 2027: sin estructura y sin recursos, es difícil competirle a un gobernador que ya demostró que sabe jugar bien sus cartas con la Casa Rosada, venga de donde venga.

Por ahora, Jalil sigue sumando gestos de cercanía con Nación. Y la oposición libertaria en Catamarca sigue mirando esa relación con una mezcla de atención y recelo, sabiendo que el verdadero desafío no pasa solo por el relato, sino por con qué recursos van a poder competir cuando llegue la hora de la verdad electoral.

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