La ansiedad electoral no entiende de realidad

Mientras falta muchísimo para las elecciones y todavía más para que la sociedad quiera escuchar hablar de candidaturas, la política catamarqueña ya empezó a moverse.

Todavía no hay listas, no hay campaña formal y, afuera del círculo político, la mayoría está mucho más preocupada por llegar a fin de mes que por pensar quién será candidato en 2027. Pero dentro de la dirigencia el clima es otro. Reuniones reservadas, llamados, operaciones silenciosas y nombres que empiezan a instalarse antes de tiempo.

Y en ese escenario aparece algo que empieza a marcar una diferencia. Mientras muchos dirigentes ya entraron en la lógica electoral, el intendente capitalino Gustavo Saadi insiste en que todavía no es momento de hablar de candidaturas.

Lejos de parecer una frase armada, esa postura hoy le juega a favor. Sobre todo porque parece interpretar mejor que gran parte de la dirigencia cuál es el humor social actual. La gente no está pendiente de las fórmulas políticas ni de las disputas de poder. Está pensando en el bolsillo, en las tarifas, en el trabajo y en cómo sostener la vida cotidiana en un contexto económico complicado.

Sin embargo, aunque públicamente haya mensajes de prudencia, por abajo la política ya empezó a moverse.

Dentro del oficialismo hay dirigentes que comenzaron a acomodarse alrededor de la figura de Saadi, no solamente por lo que representa hoy dentro del esquema político provincial, sino también por lo que podría representar hacia adelante. Algunos buscan mostrarse cerca, otros intentan posicionarse dentro de un eventual armado futuro y no faltan quienes empiezan a hacer méritos para no quedar afuera de la foto cuando llegue el momento de las definiciones.

Es la dinámica de siempre: cuando un dirigente empieza a concentrar volumen político, enseguida aparecen sectores intentando atrincherarse alrededor de esa construcción.

Y eso ya se nota.

Hay recorridas que se aceleran, dirigentes que multiplican apariciones públicas y sectores que empiezan a proyectar escenarios electorales mucho antes de tiempo. Incluso dentro del propio oficialismo comienzan a aparecer tensiones silenciosas por los espacios que podrían quedar vacantes si finalmente el intendente decide dar un salto provincial.

Pero el fenómeno no ocurre solamente en el peronismo.

En la oposición también empezó una carrera anticipada, aunque todavía intenten mostrarse serenos públicamente. Hay dirigentes que ya comenzaron una disputa interna para convertirse en candidatos competitivos y sectores que buscan posicionarse como la referencia opositora más fuerte de cara a lo que viene.

El problema es que, por ahora, la oposición parece más enfocada en resolver sus propias internas que en construir una alternativa ordenada. Empiezan las diferencias, las mediciones y las peleas de protagonismo que muchas veces terminan debilitando más hacia adentro que fortaleciendo hacia afuera.

Mientras algunos creen que el desgaste económico puede abrir oportunidades políticas, otros entienden que primero deberán ordenar liderazgos y egos dentro de su propio espacio.

Y en el medio de toda esa ansiedad política aparece una realidad que parece ir por otro lado.

Porque mientras dirigentes y espacios empiezan a hacer cálculos electorales, gran parte de la sociedad sigue enfocada en problemas mucho más urgentes.

Tal vez por eso la postura de Saadi de evitar hablar de candidaturas hoy le termina dando un punto a favor: transmite la idea de un dirigente que, al menos por ahora, parece entender que la gente está mirando otra cosa.

Y quizás ahí esté la principal diferencia entre quienes intentan interpretar el momento social y quienes ya viven adelantados varios pasos en una campaña que la mayoría todavía siente demasiado lejana.

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