Por Carlos Uslenghi – Radio Valle Viejo
Hay decisiones que no necesitan demasiada explicación para generar ruido. Esta es una de ellas. Rosales Matienzo dejó el Ministerio de Educación para asumir como fiscal de Estado. Un movimiento político más, de esos que no sorprenden. Pero el foco no está en el cambio de cargo. Está en cómo se hizo la salida.
Minutos antes de irse, firmó un convenio que trasladó una camioneta, equipamiento, un programa de capacitación y cuatro agentes a la Fiscalía de Estado. Es decir, al lugar donde él mismo iba a empezar a trabajar.
No es una salida. Es una mudanza.
Todo dentro de la norma, seguramente. Con firma digital, expediente y encuadre administrativo. Pero hay algo que no pasa por los papeles: el sentido de oportunidad. Porque cuando alguien toma decisiones sobre recursos públicos justo antes de irse, y esas decisiones terminan beneficiando el lugar al que va, la discusión deja de ser técnica. Pasa a ser política.
Y también, inevitablemente, ética.
El argumento es conocido: reorganización. Siempre es reorganización. El problema es que, visto desde afuera, se parece demasiado a otra cosa. Esa camioneta, por ejemplo, fue adquirida en plena emergencia económica. En su momento se explicó como una necesidad del sistema educativo. Hoy puede cambiar de destino sin mayores consecuencias.
Entonces hay algo que no termina de cerrar.
O antes era imprescindible… o ahora se administra con una flexibilidad difícil de justificar. Después aparece el programa, el equipamiento, el personal. Todo suena razonable en abstracto. Pero no en ese momento, no con esa velocidad y no con ese destino.
Ahí es donde aparece el fondo del asunto.
No se trata de una camioneta. Ni de un programa. Se trata de una lógica. Esa que entiende al Estado como algo moldeable. Como una estructura que se puede acomodar según quién esté. Como si los recursos no respondieran a una función, sino a la decisión de quien firma.
“Todo es legal” no siempre significa “todo está bien”.
Y ese es el punto incómodo. Porque cuando la eficiencia administrativa se usa para resolver decisiones que benefician al propio recorrido político, deja de ser eficiencia. Pasa a ser conveniencia. Ahora la responsabilidad cambia de manos. La nueva gestión tendrá que decidir si convalida o revisa. Si deja pasar o si marca un límite.
No es un trámite menor. Es una señal.
Porque cuando alguien se lleva un pedazo del Estado como si fuera propio, no se está llevando solo recursos. Se está llevando algo más difícil de recuperar: la confianza.
